Empujé la puerta de madera de la cabaña, y el aire de la mañana me golpeó el rostro, terminando de disipar los últimos recuerdos del sueño de mi madre.
Seth y Alaric estaban esperándome.
—¿Estás lista? Tu gran día ha llegado —mencionó el beta, estirando sus brazos.
Asentí, dejando que el silencio se prolongara más de lo debido. La tristeza por el sueño de mi madre se sentía como una capa que lo cubría todo.
Era una melancolía que me pesaba en los hombros. Y Seth... él pareció notarlo al in