Caminaba sobre una superficie que se sentía como un cristal frío. Frente a mí, una figura envuelta en una túnica de color blanco se giró lentamente, dejándome en shock.
Era ella. Mi madre. Otra vez.
¿Estaba soñando?
—Mamá... —susurré, intentando alcanzarla con la mano—. ¿Eres tú? No sabes cuánto te extraño.
No recibí respuesta.
—Ayúdame. No entiendo qué me está pasando. Siento que algo me quema por dentro —Llevé una mano a mi pecho—. Tengo miedo. Creen que tengo algún poder. ¿En realidad