Dante se acercó a mí a toda velocidad, ignorando la presencia de los demás, y me acurrucó contra su pecho con una urgencia que me dejó sin aliento.
Me rodeó con sus brazos como si intentara protegerme de un mundo que acababa de fallarme. Yo seguía en shock, con el cuerpo temblando y la mirada perdida en el vacío.
Durante esos segundos de terror bajo las garras del lobo, había estado convencida de que Seth finalmente se habría dignado a intervenir, pero no. No había sido él. Había sido Dante q