Me levanté del suelo sin dificultad. El impacto contra la pared, que en cualquier otro momento me habría quebrado las costillas, para mí no había sido más que un leve empujón y una molestia superficial que mi nuevo cuerpo absorbió sin inmutarse. Limpié una pequeña mancha de polvo de mi hombro y fijé mi vista en Morgana.
La bruja estaba jadeando. No parecía un jadeo cansado. Pude notar que estaba sumamente molesta, ya que sus ojos morados brillaban con una mezcla de odio y algo que me dio una