—Ay, no… ¡tengan cuidado! —el grito se ahogó en mi garganta.
Desde mi posición, el campo de batalla parecía un montón de sombras y fuego. Morgana estaba harta de mis palabras, así que proyectó sus brazos de humo sólido con una velocidad inhumana.
Antes de que pudiera parpadear, uno de ellos se cerró alrededor de mi cuello con una fuerza bruta. Me levantó del suelo, dejando mis pies colgando en el vacío. El aire se volvió un lujo y mis pulmones ardían y la vista se me empezó a nublar por la f