—Esta aldea me gusta, creo que podríamos quedarnos por aquí más tiempo —sugirió Ah-um, entrando con Desz a la taberna.
Se habían pasado las últimas estaciones yendo de lugar en lugar, en dirección hacia el este. Todos eran buenos sitios hasta que llegaban los rumores de los monstruos que torcían cuellos y bebían sangre. Creciendo entre Tarkuts, el ahora joven humano buscaba constantemente la compañía de otros como él.
—Esta aldea es grande y cercana al camino principal, desde donde se puede lle