Mundo de ficçãoIniciar sessãoEldoriam. Un continente compuesto por cinco reinos que vivían en paz, al menos hasta que Drakmoria, el reino de los señores dragón insiste en declararle la guerra a Celestria. ¿Por qué después de siglos de paz quieren ese territorio? Es entonces cuando los reyes deciden hacer lo que sea para proteger a los suyos. Thorian Drakmoria, el actual rey exige entonces a la hija menor, la princesa Seraphina Celestria. La joven acepta inmediatamente con tal de cuidar a su gente y se embarca en un barco que la lleva lejos de su hogar, junto con la tarea de volverse la concubina del rey Drakmoria. Sin embargo, Seraphina oculta un enorme secreto, que de caer en manos equivocadas podría destruir a todo el continente tal y como lo conoce. La joven empieza a librar una batalla entre su mente y su corazón, que ahora se encuentra dividido por enigmático rey Thorian. Él es más hombre que bestia, pero a logrado cautivar el cuerpo y alma de la inocente joven de cabellos y ojos de color plateado. A pesar de que lo odia, no puede evitar estremecerse ante su mirada, ni derretirse cada vez que la besa. Y mucho menos rechazarlo cuando quiere entrar en su cama.
Ler maisLa luz de las antorchas iluminaba el pasillo por el cual transitaba, siendo acompañada por sus damas y un par de sirvientas del harem. La piel pálida de la princesa resplandecía suavemente en contraste con ligera claridad, dándole un aspecto como de otro mundo. Algo superior que no debía estar entre mortales.Muchos empleados la observaban fingiendo un muy mal disimulo. Era de esperarse, entre tantas pieles morenas y bronceadas pocas veces tenían la oportunidad de contemplar una tez blanca, mucho menos una tan pálida como aquella. A simple vista parecía suave y delicada, similar a la porcelana blanca.Habían oído que una princesa de otro reino había llegado para unirse al harén del su rey y señor. Sentía lástima por la delicada flor primaveral, sumida ahora en un fuego que quemaba con la misma fuerza que las llamas del infierno. Había sido condenada a un destino peor que la muerte si debía ir a los aposentos del rey.Un dragón devorando a un cordero, eso ocurría nada más caer la noche
Ella negó con una mano, restándole importancia y fingiendo modestia.—Debería ser yo quien agradezca por honrarme con tal invitación. —declaró tomando unos de los dulces que se encontraban en la mesa. Estaba muy delicioso.—Es muy rico, ¿verdad? —preguntó la reina interpretando su reacción. —Come todos los que quieras y sí deseas más puedo ordenar que lleven a tu cuarto.—Es usted muy amable, le tomaré la palabra. —afirmó degustando el dulce.Seraphina observó a las demás concubinas, lucían algo suspicaces con ella.—Permítanme presentarlas. —anunció la reina. —Amara, Safiye y Miriam. —pronunció señalándolas en ese orden. Seraphina se fijó que eran: pelirroja, castaña y pelinegra. También que todas eran muy guapas. —La princesa Seraphina.Las cuatro se saludaron con asentimientos de cabeza, no podían hacer más.Se apreciaba que los gustos del rey Thorian eran bastante variados, ninguna de las presentes compartía el mismo color de pelo, ojos, ni siquiera el matiz de la piel. Aunque por
Tocaron la puerta mientras aún se preparaba, así que Emily fue a abrirla dejando a Seraphina con la anterior tarea. Lo más probable es que sus padres recibieran la carta y en algunos días el contrato entre ambos reinos estuviese listo.A partir de ahora ya no sería conocida como La princesa Seraphina, sino como la concubina del rey Thorian. Despojada de su nombre, titulo y raíces… ¿Existiría algo más humillante que eso? Ni siquiera tenía la oportunidad de llorar adecuadamente.—Alteza. —Seraphina giró al escuchar a la voz desconocida que la llamaba. —Saludos a la Estrella de Celestria. —saludó haciendo una reverencia. Vaya al menos alguien conoce la etiqueta apropiada; pensó con cierto sarcasmo.—Puedes ponerte de pie. —ordenó dándose la vuelta para continuar mirándose en el espejo. —¿A qué debo esta visita tan sorpresiva? —interrogó.La joven tuvo la decencia de lucir un poco avergonzada, le agradó de inmediato y eso que no existían muchas personas de las que pudiese decir aquello.
—Del mismo modo en que el rey está dispuesto a comenzarla si no me vuelvo su concubina. —expresó con una sonrisa cortesana. —Aquí solamente vale la palabra de los que ostenten el poder, no somos más que peones. —inquirió.—En definitiva, somos peones. —aceptó la reina. —Por ello tenemos el poder de adaptarnos y transformarnos, convertirnos en cualquier otra pieza. —exclamó.—Las piezas ya están en el tablero, ahora veamos cual será el siguiente movimiento. —dijo Seraphina. —No pienso permitir que mi hijo sea un bastardo sin derecho a nada. —dijo entre dientes. —Tampoco que me humillen como a cualquier.—En su reino tampoco tendría derecho a nada. —le recordó la reina Alicent.—Pero al menos no serpia intercambiada como ganado en una transacción.La tensión podría sentirse en el ambiente, era tan densa que podrían cortarla con un cuchillo. Hacía tanto silencio que por un momento temió que sus damas no estuviesen respirando, sabía lo que le esperaba con la reina, lo que no esperaba es q
Último capítulo