—¡¿A quién ha matado?! ¡Responde! —Ah-um sacudió al niño, que dejó caer la canasta.
Desz lo apartó y se alejó con él de la multitud.
—No pierdas el control —exigió, pasándose una mano por el cabello—. Había olvidado cuánto detesto las aldeas humanas.
Regresaron a la apartada casa sólo ellos dos. El señor se quedaría a disfrutar del espectáculo, así se los había hecho saber el niño, que también se había dedicado a averiguar sobre el crimen que el muchacho de la taberna había cometido y confirmó