—¿Así huele el aire de Arkhamis? Lo imaginaba diferente, cargado de cenizas y humo, sazonado con la fetidez de la sangre descompuesta y rezumando el más fascinante horror desde sus entrañas.
Luego de encargarse de fragmentar el bosque de Dumas de la frontera, Adir despertaba en el lecho del palacio de Arkhamis donde reposaba.
—Hemos tomado el reino con facilidad, no ha hecho falta tanta destrucción —le dijo Furr—. Espero que no estés decepcionado.
El Dumas negó.
—¿Cuál será mi recompensa? —pre