Los ojos de mi tío están sobre los míos, me mira con un odio y furia que jamás había visto en él.
—¡¿Qué demonios haces en mi escritorio?!
Creo que su mandíbula casi se desencaja.
Necesito tener esa carpeta en mi manos, es lo único en lo que pienso ahora. Sus gritos no me amedrentan, porque ya sabía yo que él podría ser esto que veo frente a mí.
—Solo curioseaba... —Me paseo por el lugar de manera cautelosa.
—Mientes. —Su mirada se vuelve oscura, perversa.
De repente se abalanza sobre m