Abro los ojos despacio, me encuentro en la cabaña. Al ver a mi hijo despierto a mi lado y jugando con sus manitos siento tantas emociones encontradas e inexplicables. Empiezo a llorar como una niña abrazada a él.
—Perdóname Atlas... Ni siquiera recordaba tu nombre, mi vida...
Lo acuno entre mis brazos, mis sollozos inundan el lugar. A medida que pasan los minutos consigo calma, él se duerme de nuevo plácidamente a mi lado. Es tan pequeñito, su piel blanca y cabello negro contrastan con sus o