—¿Reina? —suelto una rosita nerviosa.
Él me mira serio.
—Sí. Mañana hay una reunión y voy a presentarte como mi mujer y futura esposa, quiero que nos casemos lo más pronto posible.
—¿Qué? Yo...
No sé qué decir.
—No digas nada. Esto que ha pasado ahora me confirma lo que tu terca boca no me dice. —Se muerde el labio inferior y clava sus ojos escarlatas en los míos—. Me amas, estás perdidamente enamorada.
Debo admitir que me ha dejado hipnotizada aquel gesto tan sensual, pero ese no es e