El Concilio para Criaturas Sobrenaturales siempre me había parecido una contradicción.
Era un lugar construido sobre pactos de sangre y proyectaba demasiada luz para criaturas que habían sobrevivido durante siglos precisamente porque sabían moverse en la oscuridad. Y, aun así, allí estaba yo, de pie frente al vampiro al que todos llamaban con miedo “El Príncipe Oscuro”, intentando medir cada palabra para no convertir una conversación diplomática en una declaración de guerra.
—No creo que compren