Me separé apenas y lo miré.
Había dolor en sus ojos, pero también decisión. Roy siempre había sido así. Incluso cuando el mundo se caía, encontraba la manera de pararse frente a mí y ofrecerme lo único que podía darme: su presencia completa.
—Quiero correr contigo —dije con voz rota—. Como antes.
Sus pupilas cambiaron. Su lobo me reconoció antes que su boca pudiera responder.
—Entonces corramos.
No preguntó si estaba segura. No me pidió explicaciones. No intentó convencerme de quedarnos allí hab