El territorio de Orion Fangmoon parecía una manada al borde de devorarse a sí misma.
Era una tierra de excesos.
Un lugar donde los límites se habían roto y nadie parecía interesado en levantarlos del suelo.
Cassiel caminaba a mi lado, con una mano en mi espalda. No me empujaba ni me guiaba como si yo fuera frágil. Solo estaba ahí, firme, atento, colocando su cuerpo ligeramente delante del mío cada vez que algún lobo miraba más de lo necesario.
—No me gusta este lugar —murmuré.
—Lo sé.
Su respues