El rugido de Lila partió el cielo y, por un instante, todo lo demás dejó de existir.
Vi su cuerpo elevarse por encima de los muros del palacio, inmenso y cubierto por escamas que reflejaban la luz del atardecer. Pero no había triunfo en aquella transformación. Había dolor. Sus alas se movían con la fuerza de alguien que huía de la muerte.
—¡Lila! —grité, corriendo tras ella, aunque ya era imposible alcanzarla.
Su silueta se tambaleó antes de perderse entre las montañas.
Algo dentro de mí se queb