La habitación desapareció.
Un segundo antes estaba frente a Lila, contemplando su vientre exhausto y escuchando su respiración quebrada; al siguiente, todo cuanto conocía se abrió ante mí para mostrarme una vida que jamás llegaría a vivir.
La vi a ella.
Adulta, radiante, mía por un destino que, cruelmente, me había sido revelado demasiado tarde.
No hicieron falta palabras. En un solo instante contemplé lo que habría sido el resto de nuestra existencia, su mano entrelazada con la mía, su risa lle