Durante un instante, solo lo miré.
No podía creer que fuera capaz de permitir aquello. Hasta dónde había caído la locura de Cassiel era algo que no alcanzaba a entender.
—No me mires así —gruñó, aunque apenas quedaba fuerza en su voz—. Si eso puede salvarla…
Abrió la boca como si pretendiera añadir algo más, quizá justificar lo injustificable.
No se lo permití.
Abrí la puerta de la habitación de Lila y, antes de cruzar el umbral, tuve la impresión de que el alma de aquel lobo, incluso siendo ete