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Capítulo 43 POV Kaeldris

Lila Whitmore

Cerré los ojos por un instante porque por más veces que intentara convencerme de que estaba exagerando, de que estaba interpretando mal lo ocurrido aquella mañana, mi mente seguía regresando una y otra vez al mismo momento.

A su sonrisa, su mirada.

A la forma en que nuestras colas se tocaron accidentalmente mientras volvíamos a nuestra forma humana y sobre todo a sus palabras.

—No me molesta.

Mi dragón estaba feliz dentro de mí.

—Fue una invitación para intimar.

Apreté los dientes.

—No seas ridículo.

¿Ridículo?

Su voz resonó incrédulo.

Llevamos esperando a nuestra compañera muchísimo tiempo, ¿y quieres fingir que no significamos nada para ella?

Exhalé con lentitud mientras me obligaba a caminar de un extremo al otro de mi habitación.

—Quizá no entiende lo que significa.

Mi dragón guardó silencio durante un segundo antes de responder con una paciencia que, viniendo de él, resultaba casi ofensiva.

¿Y por qué no habría de entenderlo?

—Porque no creció entre dragones.

Me detuve para hacerlo entender.

—Lila fue criada lejos del reino. No conoce nuestras costumbres, no entiende lo que implica un gesto así entre dragones adultos.

Mi dragón soltó un gruñido.

No me importa, estoy segura de que nos desea, su dragona solo se estuvo haciendo la difícil.

Sus palabras llegaron con una convicción brutal.

Lo que yo vi fue a nuestra compañera mirándonos como si ya nos conociera, como si una parte de ella también nos hubiera estado esperando.

Mi pecho se tensó.

—No podemos dar nada por hecho.

Yo sí.

Sentí su presencia acercarse dentro de mi conciencia.

Más intensa.

Más dominante.

Nos hemos contenido a estar con otras hembras, Kaeldris. Nos negamos a cualquier otra, rechazamos alianzas, rechazamos lechos, rechazamos descendencia todo por esperar a quien nos perteneciera por destino. Bajo ninguna circunstancia pienso perderla.

Fruncí el ceño.

No quería admitirlo.

No quería siquiera darle forma a aquella posibilidad.

Pero mientras me dirigía hacia la salida, ajustando la túnica ceremonial con manos que por primera vez en años no estaban del todo firmes, una parte de mí ya había tomado una decisión.

No me importaba que estuviera marcada.

No me importaba que llevara uno o mas hijos de otro en el vientre.

No me importaba que medio reino tuviera opiniones sobre ello.

Si Lila era mi compañera, nada me alejaría de ella.

—Entonces iremos a verla como prometí, necesitamos confirmar si lo que creemos que es una invitación realmente lo es.

Mi dragón rugió satisfecho.

Así se habla.

Abandoné mis aposentos con paso firme y recorrí los pasillos del ala real sin detenerme ante nadie, demasiado concentrado en la conversación que estaba a punto de tener con ella, en cómo iba a explicarle que lo que había ocurrido entre nuestras colas no era un gesto insignificante, que para un dragón aquello equivalía a una invitación para compartir la intimidad de la noche.

Sin embargo, apenas doblé el último corredor, me detuve.

Porque alguien estaba esperando frente a la puerta de Lila.

Maerys

Algo en aquella dragona nunca me había agradado.

No sabía exactamente qué era.

Su sonrisa demasiado calculada.

La forma en que observaba a Lila.

O quizá el simple hecho de que jamás había ocultado cuánto le molestaba que el rey la asignara como su dama de compañía.

—Comandante, Lady Lila está dormida creo que decidió retractarse de su invitación para esta noche.

Mis ojos se estrecharon.

—No te he pedido que interpretes sus decisiones.

Ella parpadeó.

—Solo transmito lo que…

—Entonces transmite esto, — di un paso hacia ella. —Dile a Lady Lila que tal y como acordamos, he venido a presentarme ante ella.

La expresión de Maerys cambió.

Sus ojos se endurecieron.

—¿Por qué le interesa tanto estar junto a ella?

Mi mandíbula se tensó.

—Cuida tus palabras.

Pero ella dio un paso al frente.

—Mi padre dice que la única razón por la que Razar la recibió en el palacio es porque no sabe qué hacer con los rebeldes y no quiere que se convierta en un símbolo para la resistencia.

El aire a nuestro alrededor se volvió más pesado.

—Su Majestad el rey, — mi voz sonó tan fría que incluso ella palideció. —Cuanto te refieras a él no lo hagas por su nombre, debes llamar al rey con tanta familiaridad.

Di otro paso.

—Eres solo la hija de un vizconde, Maerys. Mientras que Lady Lila, por ser una dragona de color negro, está ligada directamente a la familia real.

Sus ojos brillaron de rabia.

—Entonces, ¿por qué usted no hace lo mismo?

Señaló mi pecho.

—Después de todo, usted no es un dragón negro y a veces la tutea y la llama directamente por su nombre.

La aparté del camino sin esfuerzo.

—Eso no es asunto tuyo.

Abrí ligeramente la puerta.

—además su Majestad aprueba mi futuro matrimonio con Lila.

Escuché cómo su respiración se quebraba.

Cuando volteé, lágrimas corrían por sus mejillas.

—No… — su voz tembló. —No puede hablar en serio.

Ignoré su dolor y toqué la puerta.

Una vez.

Dos veces.

Nada.

—¿Lo ve? —susurró ella con amargura—. Que sus colas se tocaran y a ella no le molestara no significa nada. Aun es parte humana, no tiene nada de especial.

La miré con desprecio.

—Solo eres una jovencita que está demasiado consentida por sus padres. No sabes nada de la vida.

Volví a tocar.

Y entonces Maerys habló.

Su voz apenas fue un susurro.

—Le di un té…

Me giré lentamente.

—¿Qué?

Sus ojos se llenaron de miedo.

—Solo, para ayudarla a dormir. No hay manera de que responda.

Mi sangre se heló.

Porque en ese mismo instante, un sonido salió del interior de la habitación.

Un golpe, luego otro y entonces, mi dragón rugió dentro de mí.

—Algo malo le está sucediendo a nuestra compañera.

No esperé, derribé la puerta y lo que vi hizo que el mundo entero desapareciera.

Lila estaba en el centro de la habitación, rodeada por una neblina oscura.

—¡LILA!

La sujeté por los brazos y tiré de ella con todas mis fuerzas, pero era como intentar arrancar una estrella del cielo.

Me giré hacia Maerys, que había caído de rodillas en la entrada.

Su rostro estaba completamente pálido mientras sentí al dragón dentro de mí rugir con una furia que hizo temblar toda la habitación.

—Si esto es obra tuya, — mi voz ya no sonaba humana. —Te juro pagaras con tu vida.

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