No dije nada mientras salíamos de la cueva y nos dirigíamos a la residencia.
No hacía falta.
Podía sentirlo.
Toda la manada estaba inquieta y aunque nadie me lo decía directamente, todos sabían lo mismo que yo.
El dragón había venido por mí, de seguro era el mismo que me persigo en mi forma de dragón.
Mi mano se movió sola, instintiva mientras las yemas de mis dedos rozaron mi vientre de forma tan sutil que nadie pareció notarlo, aunque la realidad era otra, Samuel sí lo había visto.
Lo supe po