Capítulo 36 POV Lila

Los ojos de los gemelos recorrieron el lugar con una atención casi depredadora, deteniéndose primero en Samuel, luego en mí, y finalmente en la cama donde el cuerpo sin vida de Mildred descansaba como si simplemente se hubiera quedado dormida.

El primero en hablar fue quien supuse era el mayor de los dos.

—¿Qué demonios pasó aquí?

El segundo dio un paso al frente, observándome como si intentara decidir, en cuestión de segundos, si yo representaba una amenaza.

—¿Quiénes son ustedes?

Instintivamente retrocedí.

No porque les tuviera miedo.

Sino porque no entendía absolutamente nada… y porque, en medio de toda aquella locura, una punzada ardiente atravesó mi pecho con tanta fuerza que por un segundo tuve que llevarme una mano al corazón.

Cassiel.

No podía verlo. No podía escucharlo.

Pero podía sentirlo.

Como si algo dentro de él, me estuviera llamando con desesperación.

—Yo…— comencé a decir, pero fui interrumpida por Samuel.

—Tranquila, Luna. Ellos deben ser Darius y Damon, los gemelos Alfa de Lunarcrest.

La voz de Samuel cortó el aire con firmeza.

Los dos hombres lo miraron.

—No soy una amenaza… ni ella tampoco. Mi nombre es Samuel Fangraven… y la mujer que está frente a ustedes es Lila Whitmore, Luna de Umbra Noctis.

Darius y Damon entrecerraron los ojos.

—¿Umbra Noctis?

Samuel asintió lentamente.

—De Etheria.

El primero negó con la cabeza.

—Desearía no causar molestias, somos conscientes de que o deberíamos estar en este lugar, solo necesito que me permitan explicar la situación.

Los dos hombres intercambiaron una mirada.

Entonces el primero habló.

—Soy Darius.

El segundo inclinó apenas la cabeza.

—Y yo soy Damon… y lo que acabas de decir suena completamente imposible. Esta prohibido viajar entre mundo sin el permiso de la familia real vampírica.

Darius cruzó los brazos antes de decir:

—Empieza desde el principio.

Samuel guardó silencio durante unos segundos.

Y entonces habló.

—Llegué a este mundo siguiendo a mi pareja destinada… Ary.

Por un instante, vi dolor en sus ojos.

Uno tan profundo que parecía intentar ocultar para ayudarme a salir de este lugar y regresar junto a Cassiel.

—Ary era una bruja… y hace unos minutos acaba de abrazar la muerte para entrar en su segunda vida.

La expresión de Darius cambió.

Luego la de Damon.

Ambos se miraron fijamente.

—¿Una bruja? —preguntó Damon.

Samuel asintió.

—Sí.

Darius dio un paso al frente.

—¿Qué clase de bruja?

Samuel frunció el ceño.

—¿Por qué importa?

Damon soltó una lenta exhalación.

—Porque toda la maldita manada ha estado buscando a una… una que le entregó a nuestra gente el cofre que maldijo a Mildred.

Mi respiración se detuvo mientras Damon apuntaba hacia donde estaba el cuerpo inerte de Mildred.

—¿Qué? —alcancé a preguntar.

Darius me miró.

—Hace semanas, una bruja apareció en estas tierras. Entregó un cofre que contenía lo necesario para traer de vuelta al alma gemela de nuestro príncipe, pero el cofre estaba maldito y al abrirlo Mildred fue maldecida. Su cuerpo consumiéndose de a poco.

Mis dedos comenzaron a temblar.

Una punzada atravesó mi vientre.

Cassiel.

Nuestro vinculo de pareja, él me estaba llamado hacia el, desesperado por arrastrarme de regreso a su lado.

Apreté los puños y pense.

“Resiste, mi amor volveré a ti”.

—La verdad es que si no fuera por Mildred nuestro príncipe no hubiera abierto fácilmente el cofre —continuó Darius—. Era la única en la manada que seguía sin convertirse en inmortal.

Damon asintió con gravedad.

—El no ser inmortal fue lo que puso la balanza a favor del príncipe y su compañera.

Sus ojos se endurecieron.

—Se negó a convertirse después para escapar de la muerte. Respetamos su decisión.

Mi mirada viajó automáticamente hacia la cama mientras Samuel apretaba los puños.

—Ary jamás habría entregado algo que pudiera condenar inocentes.

Lo dijo con firmeza.

Pero incluso así… juraría haber visto una pequeña sombra de duda cruzar por sus ojos.

—Entonces será mejor que nos expliques qué demonios está pasando —gruñó Darius.

El silencio cayó otra vez.

Y entonces ocurrió.

Damon me miró fijamente.

Sus fosas nasales se expandieron.

Luego Darius hizo exactamente lo mismo.

Ambos fruncieron el ceño.

—Espera…

Darius comenzó a acercarse.

Mi corazón se aceleró.

—No puede ser.

Damon abrió ligeramente los ojos.

—Samuel… ¿ella es mortal?

Samuel asintió.

—En su mayoría.

Darius me miró como si acabara de descubrir un secreto capaz de cambiarlo todo.

—No…

Damon dio un paso más cerca.

—Eso no es posible.

—¿Qué? —pregunté.

Ambos hablaron al mismo tiempo.

—Tienes sangre de dragón.

Sentí que el mundo dejaba de girar.

¿Cómo lo sabían… si se suponía que era tan tenue en mí que ni siquiera podía olerse?

—¿Cómo lo descubrieron? —pregunté en voz alta.

Pero fue Ciri quien respondió mentalmente.

—Conforme nos conectamos de forma más estrecha, la parte tuya que es mortal se va consumiendo para dar espacio a la de dragón.

Mi pulso se disparó.

Damon no apartó la mirada de mí.

—Y no de cualquier dragón… ¿eres un dragón negro? ¿Perteneces a la realeza?

Nadie parecía respirar.

Hasta que el sonido de pasos apresurados rompió el silencio.

Una mujer apareció en la entrada de la cueva y, por la forma en que Darius dejó de respirar, comprendí que no era cualquiera.

—Madeline, cariño… —murmuró Darius.

Ella me miró apenas un segundo… y no necesité más para entender que también había percibido lo que corría por mis venas.

Luego enfocó su atención en Darius y Damon.

—Tenemos un problema.

Darius frunció el ceño.

—¿Ahora qué pasa?

Madeline respiró hondo.

—Un dragón de color escarlata acaba de aterrizar en la residencia principal de Lunarcrest.

—¿Qué? —gruñó Damon.

Madeline volvió a mirarme.

Y por alguna razón, el vínculo con Cassiel ardió con tanta intensidad dentro de mi pecho que por un segundo pensé que iba a caer de rodillas.

Algo estaba pasando con él, algo muy malo.

—Exige que le entreguemos… al miembro de la familia real de dragones que cayó dentro de nuestro territorio.

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