Los ojos de los gemelos recorrieron el lugar con una atención casi depredadora, deteniéndose primero en Samuel, luego en mí, y finalmente en la cama donde el cuerpo sin vida de Mildred descansaba como si simplemente se hubiera quedado dormida.
El primero en hablar fue quien supuse era el mayor de los dos.
—¿Qué demonios pasó aquí?
El segundo dio un paso al frente, observándome como si intentara decidir, en cuestión de segundos, si yo representaba una amenaza.
—¿Quiénes son ustedes?
Instintivame