Capítulo 19 POV Cassiel

Logré regresar al castillo con Lila sin ser descubiertos por nadie.

No es que no hubiera deseado terminar de consumar nuestra unión junto al claro lunar pero es que simplemente no tenía la intensión de que nuestra primera vez fuera sobre la tierra húmeda.

Había esperado siglos por ella.

No lo digo como una exageración nacida del deseo, ni como una metáfora destinada a suavizar la magnitud de lo que sentía cada vez que pronunciaba su nombre en mi mente, sino como la verdad más absoluta que había conocido desde el instante mismo en que fui creado, porque mientras otros Alfas nacían, encontraban a sus compañeras, construían manadas, levantaban imperios y veían pasar generaciones enteras bajo sus pies, yo había permanecido solo… gobernando, luchando, sobreviviendo… convenciéndome durante demasiado tiempo de que quizás el destino jamás había escrito un alma capaz de pertenecerme.

Hasta ella.

Hasta Lila.

Hasta la pequeña humana con sangre de dragón capaz de detener mi respiración con una sola mirada, de calmar al lobo que vivía dentro de mí con apenas una caricia y de hacerme sentir, por primera vez en una eternidad, que quizás incluso una criatura como yo merecía algo más que guerra.

Merecía amor.

—Cassiel…

Escuchar mi nombre salir de sus labios mientras sus dedos temblorosos recorrían mi pecho desnudo fue suficiente para que cada músculo de mi cuerpo se tensara con violencia.

Mis ojos descendieron hacia ella.

Desnuda entre mis brazos.

Hermosa.

Vulnerable.

Mía.

Mi lobo, Fenrik, rugió dentro de mi pecho con una intensidad que hizo vibrar cada parte de mí.

Es ella. Nuestra. Nuestra compañera.

Pero no era el único que lo sentía.

Dentro del alma de Lila, podía sentir a Ciri, la dragona que vivía en su interior, agitarse con un fuego antiguo que respondía al llamado de Fenrik, y por un instante ambos espíritus parecieron tocarse en un lugar mucho más allá de la carne, en una dimensión que ni siquiera yo lograba comprender del todo, como si incluso nuestras bestias llevaran siglos buscándose.

Lila jadeó suavemente.

Sus ojos buscaron los míos.

—Los siento…

Apreté la mandíbula.

—Lo sé.

Mi mano subió lentamente por su muslo, sintiendo cómo su piel se estremecía bajo mi tacto, cómo su respiración comenzaba a volverse más rápida, cómo su corazón latía con una intensidad capaz de volverme completamente irracional.

—Fenrik está con Ciri, tu dragona… —murmuré contra sus labios—. Igual que yo estoy contigo.

Vi cómo algo se rompía dentro de ella.

Algo hermoso.

Algo que hizo que sus ojos se humedecieran.

—Esperé tanto por ti… —confesé, apoyando mi frente contra la suya— que hubo noches en las que llegué a odiar a los dioses por mostrarme el mundo entero… menos a ti.

Sus dedos subieron hasta mi rostro.

—Ya estoy aquí mí amor.

Aquellas cuatro palabras hicieron que algo dentro de mí se estremeciera con una intensidad tan brutal que, por un instante, incluso una criatura como yo olvidó cómo debía respirar. Maldita sea… si los dioses me hubieran exigido incendiar reinos enteros, derramar sangre o arrodillar al mundo con tal de volver a escucharlas decir una vez más de boca de Lila, lo habría hecho sin dudarlo. Así que cuando me incliné hacia ella y finalmente reclamé sus labios, no lo hice movido por el hambre salvaje que llevaba siglos habitando dentro de mí… no todavía. Lo hice con la devoción de un hombre que acababa de recibir el milagro que creyó jamás le sería concedido.

Y cuando sus labios se abrieron bajo los míos con una suavidad que casi me destruyó.

Mi mano bajó hasta su cintura y, con un movimiento firme pero lento, la guié sobre las sábanas hasta quedar completamente encima de ella, atrapándola bajo mi cuerpo. Mi erección contra la entrada de su sexo.

Fue entonces cuando ocurrió, y lo noté con una claridad tan brutal que por un instante todo lo demás dejó de existir, porque bastó un pequeño cambio en su respiración, la forma casi imperceptible en que sus hombros se tensaron bajo mis manos y la manera en que sus dedos se aferraron con fuerza a las sábanas para comprender exactamente lo que estaba pasando. Miedo. Mi corazón prácticamente se rompió dentro del pecho al darme cuenta de que, por mucho que Lila estuviera intentando confiar en mí, por mucho que sus ojos me miraran con entrega… su cuerpo todavía recordaba cosas que yo jamás podría perdonar, heridas que alguien más había dejado en ella y cuya sola existencia no hacía más que alimentar esa oscura y cada vez más peligrosa obsesión que comenzaba a consumirme en busca de venganza.

—Lila.

Su mirada se encontró con la mía.

—Mírame.

Sus labios temblaron.

—Lo siento… yo…

—No.

Tomé su rostro entre mis manos.

—Jamás te disculpes conmigo por tener miedo.

Vi cómo intentaba controlar su respiración, cómo cada inhalación parecía convertirse en una batalla silenciosa contra fantasmas que no estaban realmente en aquella habitación, pero que seguían viviendo dentro de su piel, escondidos en la memoria de sus músculos, en la rigidez involuntaria de su cuerpo y en ese pequeño temblor que, aunque intentaba ocultar con todas sus fuerzas, jamás habría podido pasar desapercibido para mí. Y fue precisamente en ese instante, antes de que pudiera perderse otra vez en recuerdos que no merecían seguir tocándola, que giré nuestros cuerpos con un movimiento firme y cuidadoso hasta quedar completamente recostado sobre la cama, dejando que fuera ella quien terminara encima de mí.

Sus ojos se abrieron de inmediato, primero con sorpresa, luego con esa adorable confusión que solo conseguía hacerla ver aún más hermosa, mientras mis manos descansaban sobre sus caderas con firmeza, con seguridad, con la fuerza suficiente para recordarle que seguía sosteniéndola… pero completamente inmóviles, asegurándome de que entendiera, sin necesidad de palabras, que aquella noche como todas las que estaban por venir, que el control siempre sería suyo.

—Esta noche y todas las noches que sean necesarias tú decides el ritmo.

Sus labios se separaron apenas.

—Cassiel…

—Si necesitas detenerte… nos detenemos.

Mis pulgares acariciaron lentamente sus pezones esperando que con eso se calmara.

—Si quieres avanzar… avanzamos.

Incliné apenas la cabeza.

—Pero jamás volverás a sentir que no tienes el control de tu cuerpo mientras estés conmigo.

Vi cómo sus ojos se llenaban de algo mucho más poderoso que el deseo.

Confianza.

Y cuando finalmente sus manos descendieron hasta mi pecho, cuando ella misma se acomodó para permitirle a mi hombría entrar en ella, sentí como su centro húmedo y exquisito se amoldaba a mi longitud recibiéndome con alegría.

No tenía palabras para demostrarle lo que aquello significaba para mí pero cuando comenzó a moverse sobre mí con una timidez tan condenadamente adorable que estuvo a punto de romper el poco control que me quedaba, Fenrik rugió dentro de mí mientras Ciri respondía desde el interior de ella, ambos espíritus enredándose como llamas antiguas destinadas a encontrarse.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP