El primer acercamiento íntimo con Cassiel no se pareció a nada de lo que mi mente, marcada por el miedo y por recuerdos que todavía eran capaces de arrancarme el aire en mitad de la noche, había imaginado una y otra vez cada vez que pensaba en lo que significaba entregarle mi cuerpo a alguien, porque donde antes había aprendido a asociar el contacto con dolor, con invasión, con esa sensación insoportable de no tener voz ni elección, Cassiel había hecho algo que nadie antes se había tomado la mo