Capítulo 20 POV Cassiel

—Eso es… —gruñí con la voz quebrada, sintiendo cómo cada fibra de mi cuerpo, cada parte salvaje y cada fragmento del hombre que alguna vez creí condenado a la soledad, se rendía por completo ante la mujer que se movía sobre mí con una mezcla devastadora de inocencia, deseo y confianza absoluta—. Finalmente… mía, cariño… completamente mía… y juro por todo lo que soy que jamás habrá un solo día de esta eternidad en el que deje de amarte.

Su cuerpo reaccionó de inmediato a mi declaración, como si aquellas palabras hubieran encontrado un lugar dentro de ella que llevaba demasiado tiempo esperando ser tocado, y ver cómo sus mejillas se encendían mientras sus movimientos, antes tímidos y llenos de una vulnerabilidad que me partía el alma, comenzaban a volverse más seguros, más profundos, más necesitados… hizo que el poco control que aún conservaba se tambaleara peligrosamente.

Ya no era solo ella.

Ya no era solo yo.

Era algo mucho más grande.

Más antiguo.

Más inevitable.

Más nuestro.

—Te amo… —susurró finalmente, mirándome directamente a los ojos con una intensidad tan pura, tan condenadamente sincera, que por un segundo olvidé cómo respirar.

Maldita sea…

Si los dioses me hubieran ofrecido conquistar mil reinos a cambio de volver a escucharla decir aquello, los habría reducido a cenizas con mis propias manos.

Y mientras la sostenía, mientras guiaba cada movimiento de sus caderas con una paciencia casi imposible para una criatura como yo, mientras Fenrik rugía satisfecho dentro de mi pecho y Ciri respondía desde el interior de Lila con aquella danza espiritual que solo criaturas destinadas podían comprender, entendí algo que jamás creí posible.

El verdadero milagro jamás había sido encontrar a mi compañera.

El verdadero milagro…

Era descubrir que, después de siglos enteros caminando entre oscuridad, sangre y muerte…

Lila no le tenía miedo al Alfa maldito.

Porque había decidido amarlo.

Cuando todo terminó y el cuerpo de Lila descansaba rendido entre mis brazos, completamente relajado, con su respiración profunda y pausada acariciando mi pecho desnudo me di cuenta de que habíamos pasado horas enteras perdiéndonos el uno en el otro, haciendo el amor de una forma tan intensa y erótica que el tiempo había dejado de existir en algún momento de la noche, y aun así, aun con su cuerpo agotado y el mío finalmente en calma.

Seguía necesitándola.

No por hambre.

No por deseo.

Sino porque cada parte de mí necesitaba asegurarse de que lo que habíamos vivido había sido real.

Mis dedos recorrieron lentamente su espalda mientras ella, todavía dormida, se acurrucaba aún más contra mi pecho, soltando un pequeño suspiro que estuvo a punto de destruirme otra vez.

Porque lo que sentía por Lila iba mucho más allá de lo físico.

Yo quería darle placer.

Quería protegerla.

Quería cuidar cada una de sus cicatrices.

Quería arrancarle el dolor del alma, aunque para conseguirlo tuviera que incendiar continentes enteros.

Y era precisamente por eso…

Que Sebastian Castellane iba a morir.

Él…

Y Elena.

Porque, aunque Lila seguía siendo un alma demasiado compasiva para este mundo podrido, yo sabía perfectamente que Ciri no había liberado del todo la furia que habitaba dentro de ella únicamente porque Fenrik la hubiera calmado.

No.

Yo conocía la verdad.

Ciri me había permitido acercarme…

Porque igual que Fenrik…

Yo también le había jurado que ese bastardo pagaría por lo que había hecho.

Mis pensamientos se interrumpieron cuando la voz de Roy atravesó mi mente a través de nuestro vínculo de Alfa y Beta.

—Lamento interrumpir en un momento tan… privado —dijo mentalmente, y pude sentir el esfuerzo que hacía por mantenerse tranquilo—, pero, aunque he logrado mantener a raya a todos los invitador del baile que no dejaban de preguntar por ustedes y que se reusan abandonar el territorio hasta hablar contigo, los hombres de Sebastián Castellane han llegado.

Mis dedos se tensaron ligeramente sobre la espalda de Lila.

—¿Cuántos?

—Cinco guardias.

Mi mirada se endureció.

—¿Qué quieren?

Hubo un breve silencio.

Y entonces Roy soltó una risa nerviosa por nuestro canal de comunicación.

—No vas a creerlo, Alfa… pero aparentemente han venido a entregar a Elena Whitmore, la hermana de nuestra Luna… y a recoger a Lila.

Mi mandíbula se endureció.

—¿Recogerla?

—Según palabras del rey de Boca del Río… hubo una confusión.

Una pausa.

—Dice que… nos llevamos a la hermana equivocada.

Por un segundo el silencio fue tan absoluto que incluso el aire a nuestro alrededor pareció detenerse, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración antes de comprender la magnitud de lo que aquellos estúpidos acababan de provocar.

Después… reí. Una carcajada baja, profunda y peligrosamente cargada de esa oscuridad que durante siglos había hecho que incluso criaturas mucho poderosas que aquellos pobres idiotas eligieran apartarse de mi camino antes de desafiarme. Mis brazos rodearon a Lila con aún más firmeza, pegando su cuerpo completamente contra mi pecho como si el simple hecho de sentir su calor, su respiración y el suave latido de su corazón fuera la única cosa capaz de mantener a la bestia dentro de mí bajo control.

Ella ni siquiera despertó, simplemente murmuró algo ininteligible contra mi piel antes de acurrucarse todavía más entre mis brazos, como si incluso dormida su alma supiera exactamente dónde pertenecía.

Solamente mía… completamente mía…

—¿Hermana equivocada, ¿eh? —gruñó Fenrik dentro de mi mente.

Mis labios se curvaron lentamente.

—Sebastián quiere recuperar a nuestra compañera… —le respondí con una calma que solo precedía a una masacre—. Sabes lo que significa eso… ¿cierto?

Fenrik alzó la cabeza dentro de mi alma.

Y su aullido…

Sacudió a la manada entera.

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