Mundo ficciónIniciar sesión—Por los Dioses Lila si ya te explico que así funcionan las cosas entre lobos, además sabes perfectamente que Cassiel es el Alfa de esta manada, y un Alfa jamás puede ignorar un desafío sin poner en duda su fuerza, su autoridad y la seguridad de toda su manada.
La declaración resonó dentro de mi mente con una claridad tan absoluta que, supe sin la menor duda de quién estaba hablándome.
—¿Eres… la dragona que vive dentro de mí?
No conocía su nombre, aunque intuía que mientras me tuvo cautiva me lo había dicho alguna vez.
Pero como no hubo respuesta, de alguna forma, entendí que quien fuera aquella criatura… simplemente no tenía intención de hablar mucho conmigo.
Así que cuando crucé las enormes puertas del salón principal acompañada por Roy y Cinthia, obligué a mi mente a enfocarse en lo que tenía frente a mí, porque bastó un solo paso dentro de aquella celebración para comprender que algo había cambiado desde que todos me vieron.
La música seguía sonando con elegancia.
Las conversaciones continuaban fluyendo entre los emisarios de distintas manadas.
Las copas seguían chocando unas contra otras.
Pero las miradas…
Las miradas dejaron de fingir discreción en cuanto aparecí.
Una tras otra comenzaron a clavarse sobre mí con una curiosidad tan descarada y tan peligrosamente calculadora, que por primera vez desde que había llegado a Umbra Noctis sentí una necesidad muy poco digna de alguien que supuestamente estaba destinada a convertirse en Luna.
Salir corriendo.
—Luna, mantenga la cabeza en alto y no permita que nadie perciba inseguridad, porque en ausencia del Alfa… usted representa a toda la manada —murmuró Cinthia a mi lado con una voz impecablemente controlada.
Giré apenas el rostro hacia ella.
Su postura seguía siendo perfecta.
Pero la tensión en su mandíbula era demasiado evidente para ignorarla.
—¿Está preocupada? —pregunté en voz baja mientras seguíamos avanzando—. ¿Ese tal Orion realmente puede derrotar a Cassiel?
Cinthia tardó varios segundos en responder.
—No temo por el Alfa.
Su respuesta solo logró que mi inquietud aumentara.
—Entonces… ¿Qué pasa?
Cinthia recorrió discretamente el salón con la mirada antes de responder.
—Por usted.
Fruncí el ceño.
—¿Por mí?
Esta vez fue Roy quien respondió.
—Porque Orion Fangmoon jamás desafiaría a Cassiel esperando vencerlo… pero sí sería lo bastante inteligente como para alejarlo de usted el tiempo suficiente para que todos los presentes recuerden algo importante.
Mi pecho se tensó.
—¿Qué cosa?
Roy sostuvo mi mirada con una seriedad que no me gustó en absoluto.
—Que una Luna humana, dentro de nuestro mundo, puede interpretarse como una debilidad… y las debilidades siempre atraen depredadores.
Aquellas palabras no me abandonaron en toda la noche.
Muchos se acercaron a saludarme.
Algunos con respeto genuino.
Otros con una curiosidad casi académica.
Y unos cuantos con sonrisas tan cuidadosamente falsas que no hizo falta que nadie me explicara sus verdaderas intenciones.
Fue entonces cuando comprendí que se la Luna de la manada no era parte de una historia romántica.
Aun así soporté cada mirada.
Cada comentario disfrazado de cortesía.
Mientras mantenía una parte de mi atención completamente enfocada en el vínculo que me unía a Cassiel.
Al principio…
Todo seguía igual.
Lo sentía.
Fuerte.
Seguro.
En control.
Y eso bastó para mantenerme tranquila.
Durante un tiempo.
Pero las horas comenzaron a pasar con una lentitud insoportable, y mientras la música cambiaba, las copas se vaciaban y las conversaciones comenzaban a repetirse, la ausencia de Cassiel empezó a sentirse cada vez más pesada.
Demasiado.
Así que finalmente decidí salir al balcón.
Necesitaba aire pero, fue entonces cuando ocurrió.
El dolor atravesó mi pecho con una violencia tan brutal que mis rodillas estuvieron a punto de ceder bajo mi propio peso.
No era mío.
Lo supe incluso antes de comprenderlo.
Cassiel.
Mis dedos se clavaron contra la piedra del balcón mientras mi respiración se rompía.
—No…
Intenté recordar que seguía siendo humana.
Intenté resistirme.
Pero aquello ya no me pertenecía.
Sentí mis huesos crujir bajo mi propia piel.
Sentí cada músculo arder.
Sentí mi sangre transformarse en fuego.
Y cuando intenté pronunciar el nombre de Cassiel…
Lo único que escapó de mi garganta fue un rugido tan profundo y salvaje, que todo el castillo tembló como si la propia tierra hubiera despertado.
Volé sin pensarlo.
Guiada únicamente por el vínculo.
Y cuando finalmente encontré a Cassiel en medio del campo de combate, cubierto de sangre, pero aún de pie, victorioso sobre Orion…
Ni siquiera le di tiempo de reaccionar.
Lo atrapé entre mis garras de dragona.
Y el temible Alfa de Umbra Noctis…
Fue llevado por mí hasta un claro desolado.
Cuando aterrice, mi cuerpo seguía temblando de rabia mientras lo soltaba sobre la hierba con mucha menos delicadeza de la que probablemente merecía.
Cassiel cayó de pie.
Y para mi absoluta frustración…
Estaba sonriendo.
—¿Se puede saber qué demonios estabas pensando? —exigí mientras avanzaba hacia él, todavía temblando de furia—. ¡Pude sentir cada maldito golpe, Cassiel! ¡Pude sentir tu dolor como si fuera mío!
Levanté una mano señalando la sangre que seguía descendiendo por su pecho.
—¡Explícame por qué demonios permitiste que te hirieran!
Cassiel no retrocedió.
Sus ojos brillaban con si estuviera obsesionado al tenerme de aquella forma frente a él.
Y antes de que pudiera seguir reclamándole me di cuenta que estaba desnuda.
Quise cubrirme, pero él me tomó del rostro.
Y me besó.
No con desesperación.
Ni con urgencia.
Sino con una necesidad tan absoluta que por un instante olvidé incluso por qué estaba furiosa.
Cuando finalmente se separó, apoyó su frente contra la mía y sonrió mientras todas sus heridas se curaban frente a mi.
—Me alegra ver que Ciri también se preocupa por mí.
Parpadeé.
Confundida.
Molesta.
Y absurdamente…
Celosa.
—¿Ciri? —gruñí mientras mis manos se aferraban a su ropa—. ¿Cuál Ciri?
Lo acerqué más hacia mí.
—Tú eres mío. ¡Solo mío!
La declaración escapó de mis labios antes de que pudiera detenerla.
Y algo salvaje dentro de mí terminó de despertar.
Cuando lo marque ya ni siquiera me importaba que siguiera desnuda.
Mi marca quedó grabada sobre su piel de una forma tan primitiva, tan posesiva y tan absolutamente instintiva, que nuestro vínculo termino de solidificarse con una fuerza capaz de dejarme sin aire.
Retrocedí un paso completamente aturdida.
Mis dedos temblaban.
Mi respiración era errática.
Y cuando finalmente llevé una mano hasta mis labios…
Solo pude mirarlo confundida.
—¿Qué… qué acabo de hacer?
Cassiel levantó la mirada hacia mí, completamente extasiado, con una felicidad tan absoluta que por un momento me dejó sin palabras.
—Me has hecho increíblemente feliz, mi querida dragona, mi perfecta compañera.
Dio un paso hacia mí.
Y la sonrisa que apareció en sus labios hizo que mi corazón se acelerara aún más.
—Así que ahora…
Sus dedos recorrieron mi cintura.
—Es mi turno de atenderte como te mereces.







