Capítulo 16 POV Lila

Si alguien me hubiera dicho, apenas unas semanas atrás, que llegaría el día en que mi corazón sería capaz de latir con fuerza no por miedo a morir, sino por miedo a perder a alguien… probablemente me habría reído en su cara, porque después de todo lo que había vivido, después de cada noche en la que despertar seguía sintiéndose más como una condena que como un regalo, enamorarme había dejado de parecerme una posibilidad para convertirse en una fantasía reservada para mujeres más ingenuas que yo.

Y, sin embargo, allí estaba.

De pie frente a Cassiel.

Con el pecho apretado.

Con la respiración inestable.

Y con la desagradable sensación de que, mientras yo luchaba por no imaginarlo herido, él parecía estar disfrutando demasiado de mi preocupación.

—¿Podrías explicarme por qué estás sonriendo después de que alguien acaba de retarte a combate? —pregunté finalmente, incapaz de seguir fingiendo que aquello me parecía normal.

Cassiel me observó durante unos segundos con esa calma que a veces me hacía olvidar que estaba frente a una criatura que llevaba siglos caminando sobre la tierra, y después, para mi creciente frustración, la comisura de sus labios se curvó todavía más.

—Porque me gusta descubrir que empiezas a preocuparte por mí más de lo que estás dispuesta a admitir y que eso significa que aceptaras en algún punto a ser inmortal a mi lado.

Lo miré incrédula.

—Cassiel, otro Alfa acaba de presentarse en tu territorio para desafiarte delante de toda tu manada y de no sé cuántas criaturas más… y de todo eso, ¿lo único que te interesa es que estoy preocupada?

—En este momento… sí.

Quise enfadarme.

De verdad quise hacerlo.

Pero en lugar de eso, mis ojos descendieron hasta nuestras manos entrelazadas, y fue ahí cuando noté algo que él probablemente no había querido que viera.

Sus dedos estaban demasiado tensos.

Su agarre demasiado firme.

No era miedo.

Cassiel no parecía conocer el miedo a otra cosa que perderme.

Pero sí reconocí que algo lo inquietaba.

.

—No me estás diciendo toda la verdad —murmuré.

Su mirada se suavizó apenas.

—No te estoy mintiendo.

—No es lo mismo.

Cassiel soltó una risa baja, profunda, de esas que parecían recorrerme por dentro antes de desaparecer.

—Orion Fangmoon siempre hace esto.

Fruncí el ceño.

—¿Siempre?

—La última vez fue hace aproximadamente cien años.

Lo miré fijamente durante varios segundos.

—¿Aproximadamente?

—Sí.

—¿Y eso para ti es poco?

Cassiel se encogió de hombros con una naturalidad que habría sido insultante de no ser porque, de algún modo, seguía resultando imposible no mirarlo.

—Para alguien que lleva siglos respirando… cien años no es tanto.

Negué con lentitud.

—Para mí son varias vidas completas.

Sus ojos cambiaron.

Solo un poco.

Pero lo suficiente para que el aire entre nosotros se volviera más pesado.

—Precisamente por eso no pienso desperdiciar ni una sola de tus noches.

Mi respiración tropezó.

Y maldije en silencio que aquel hombre tuviera la costumbre de desarmarme justo cuando más necesitaba mantener la cabeza fría.

—Sigo pensando que debe existir una forma más civilizada de resolver esto.

Cassiel negó con sencillez, como si acabara de preguntarle si el cielo podía cambiar de color.

—No.

—¿Ni siquiera hablar?

—Hablar es lo que estamos haciendo ahora.

—Cassiel…

—Lila, esta es la forma de los lobos. Cuando alguien cuestiona la fuerza de un Alfa, no se responde con discursos. Se responde recordándole por qué sigue ocupando el lugar que tengo.

No me gustó aquella respuesta.

Ni un poco.

Pero lo que menos me gustó fue la tranquilidad con la que la dijo.

Porque no había arrogancia en su voz.

Solo verdad.

Cassiel llevó su mano hasta mi mejilla y me obligó a sostenerle la mirada.

—Puedo darte tiempo para procesar quién soy… puedo darte espacio para aceptar todo lo que implica estar a mi lado… pero esto no puedo cambiarlo.

Su pulgar acarició mi piel con una ternura que contrastaba demasiado con la conversación que estábamos teniendo.

—Y necesito que confíes en mí.

No respondí de inmediato.

Porque lo peor era que, aunque no quisiera admitirlo…

Ya lo hacía.

Cassiel debió verlo en mis ojos, porque sonrió con esa satisfacción casi insolente que empezaba a resultarme peligrosamente adictiva.

Después levantó la mirada hacia la puerta.

—Cinthia.

—Sí, Alfa.

—Lleva a Lila con los invitados mientras resuelvo esto.

—No —respondí antes incluso de pensarlo.

Cassiel volvió a mirarme, y por primera vez desde que lo conocía, algo oscuro cruzó fugazmente por su expresión.

No era ira.

Era necesidad.

—Lila…

Su voz bajó, adquiriendo una profundidad que me erizó la piel.

—Puedes sentirme a través del vínculo que compartimos… así que sabrás si algo malo me ocurre. No te preocupes.

Tragué saliva.

Porque, por mucho que una parte de mí quisiera discutirlo, ambos sabíamos que tenía razón.

Desde el instante en que su marca quedó grabada sobre mi piel, algo dentro de mí había cambiado de una forma que todavía no terminaba de comprender, algo antiguo, profundo y casi instintivo que me permitía sentirlo incluso cuando no estaba cerca, como si una parte de mi alma hubiera aprendido a reconocer la suya sin importar la distancia que nos separara.

Aun así, no pude evitar preguntarme mentalmente.

—¿Por qué tiene que ser así?

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