Me despierto con una resaca que me arrastra de la cafetera al sofá, donde me desplomo con un suspiro perezoso junto a Bobby. El gato me lanza una mirada de desaprobación, como si me culpara por el ruido que hice anoche al tropezarme con todos los muebles, y se acurruca en el cojín a mi lado, ignorándome.
Enciendo la tele, más por costumbre que por interés, y el murmullo de las noticias matinales llena el piso. No presto demasiada atención hasta que un titular me hace levantar la vista. Las pala