Anoche, después de cenar y acurrucarme en él mientras veíamos una película pregrabada, debí quedarme dormida. Hoy me despierto en la comodidad de mi cama y no hay ni rastro de él, aunque huele a café, y escucho a Bobby maullar.
Giro el cuello para ver la hora en mi reloj. ¡Las once! ¡Dios mío! Salgo a mil por hora de la cama ¿Cómo he podido dormir tanto? Y Dominic, ¿dónde demonios está? La idea de que se haya largado sin más, después de todo lo de anoche, me hace apretar los dientes.
Corro fuer