Para mi desgracia, Dominic se va por la noche, aunque lo veré mañana en el trabajo. Y para ser lunes a la mañana siguiente, me despierto con unas ganas locas de llegar al trabajo.
—Alguien está de muy buen humor —canturrea Clara cuando me ve pasar junto a la recepción hacia los ascensores—. ¿Puedo pedirte el cotilleo?
Se me escapa una risa.
—No hay ningún cotilleo —miento, pero añado una verdad—: He tenido un buen fin de semana.
Cuando las puertas del ascensor se abren en la última planta, estoy deseando encontrarme con Dominic. Pero en lugar de eso, me encuentro con un hombre trajeado que no reconozco, paseándose de un lado a otro frente a mi escritorio. Tiene el ceño fruncido, el pelo canoso peinado hacia atrás, y resopla como si el mundo entero le debiera algo. A su lado, Calvin, el jefe de seguridad de Dominic, está de pie con los brazos cruzados, y parece harto de custodiarlo.
—Hola —saludo, cautelosa—. ¿Os puedo ayudar?
—¿Dónde está Russo? —suelta el hombre trajeado en cuanto m