Mundo ficciónIniciar sesión¿De quién huyes? Él es mi Salvador, pero también es mi verdugo, mi alma gemela y más que eso. Es mi amor y yo su mortal obsesión, una que fácilmente puede llevarnos al precipicio, al mar escarlata que son sus ojos. Mi perdición lleva su nombre y su manía lleva el mío marcado en su piel: eso me convierte en la obsesión de Kylian Everingham, el rey de los vampiros. Ambos somos la perdición del otro. ¿Acaso es fácil evadir un dulce y amargo peligro?
Leer másSiempre fui como soy. Recuerdo que la escuela pudo ser un infierno, pero nunca permití que nadie me humillara. Mi madre hizo todo lo posible por cambiar mi apariencia. ¿Quién le había dicho a ella que yo quería cambiar? Me hacía la misma pregunta cada vez que llegaba el tema a la hora de la cena. Mi padre respiraba profundo y la miraba con atención, simplemente para que no hiciese algunos de sus dramas. Jimmy, mi hermano, solo resoplaba con fastidio y fijaba sus ojos en mí. Con su mirada me decía todo: Darla lo tenía cansado.
—Hablé con la nutrióloga y me dijo que quiere verte la próxima semana. No estoy diciendo que estás gorda, pero si bajaras un poco de peso, te verías mucho mejor.
Dejé la cuchara a un lado y miré a mi madre con molestia.
—Ya hemos hablado de esto. Me siento bien conmigo misma. Si tú no te sientes bien, entonces es tu problema.
Contrajo el rostro y buscó apoyo en mi padre.
—Gina nunca se ha acomplejado, no es una chica solitaria y lleva una vida normal. Lo del problema —dijo mi padre e hizo comillas en el aire—, solo lo ves tú. Si algún día tu hija decide bajar de peso, será por ella misma.
Mi padre me guiñó el ojo y el tema quedó zanjado. Amaba a Rey. Siempre había sido un hombre de pocas palabras, pero decía lo correcto. Desde que tenía uso de razón, siempre me defendió, cuidó y protegió. También me enseñó que no debía dejarme pisotear por nadie, que mis batallas debía lucharlas yo y nadie más, que me olvidara de mi mamá y su obsesión por mi peso, que era hermosa tal como era y quien no quisiera verme, que se cubriera los ojos.
—Seré modelo curvy —afirmé de la nada.
Mi madre se atragantó con la comida, Jimmy alzó una de sus cejas con asombro y mi padre me sonrió con orgullo.
Y aquello fue lo primero que me propuse en la vida. No sabía si lo lograría, pero cuando algo se me metía en la cabeza, no descansaba hasta lograrlo y ya me había fijado aquella meta.
Ser modelo no era algo con lo que una chica de mi peso y contextura soñaba, pero nunca me limité, incluso tenía al chico más sexy y caliente de toda la escuela como novio, así que para Gina Stevens no había imposibles y se lo demostraría a mi madre.
Veintidós años despuésKYLIANSigo recordando estos últimos años en los cuales no ha habido ni un solo día que no piense en Opal, que no la dibuje, que no la desee. Nadie me había marcado tanto como ella. Luego de su muerte, prácticamente yo morí también. Estuve en letargo durante dos años, dormido y sin consciencia, sin tener conocimiento de nada a mi alrededor. A partir de ese momento retomé mis responsabilidades, inicié con la crianza de mi hijo Atlas, porque lo amo como un hijo de sangre. Quien iba a pensar que ese terco muchacho me alegraría los días y le daría sentido de nuevo a todo. Es idéntico a su madre, tanto en personalidad como en los rasgos de su rostro un poco delicados.—¿A dónde vas? —Atlas me pregunta. Termino de vestirme y elevo una ceja en su dirección. Me observa con sus ojos azules y esa mirada rebelde. Es un pícaro.—A meditar en el bosque. —Me encojo de hombros. —Ten cuidado, los cazadores andan merodeando... —Se marcha hacia el castillo, pero una doncella se
Abro los ojos despacio, me encuentro en la cabaña. Al ver a mi hijo despierto a mi lado y jugando con sus manitos siento tantas emociones encontradas e inexplicables. Empiezo a llorar como una niña abrazada a él. —Perdóname Atlas... Ni siquiera recordaba tu nombre, mi vida... Lo acuno entre mis brazos, mis sollozos inundan el lugar. A medida que pasan los minutos consigo calma, él se duerme de nuevo plácidamente a mi lado. Es tan pequeñito, su piel blanca y cabello negro contrastan con sus ojos azules y un pequeño rostro con rasgos muy parecidos a los míos. Es mi hijo, no se puede negar y no me canso de mirarlo. Haría todo por él y porque siempre esté seguro. Pero, de repente y como si se tratara del destino, las lamias entran aquí a toda prisa. —A solo un kilómetro se está librando una batalla y quedan pocos. ¡Nos están acabando mi señora! El señor Kylian está luchando casi solo, se encuentra débil. —¿Qué? —Me levanto de inmediato. —Ha perdido mucha sangre, está herido. Rogu
Tomo asiento al lado del pequeño con dificultad, ya que un fuerte mareo me deja aturdida y tambaleando. Pero por más que cierre los ojos no logro mejorar, sigue empeorando hasta hacerme desvanecer y perder la noción de todo lo que me rodea... —¿Hola? Me levanto del suelo, buscando alguien en este lugar desierto. Solo me acompaña el cielo azul, el viento y la arena. No sé donde me encuentro, ni cómo es que he llegado aquí, porque no lo recuerdo. —Puedo verte al fin... Me giro hacia atrás al escuchar mi propia voz. No, no es solo eso, soy yo misma, pero con un vestido de épocas antiguas y el cabello rojizo recogido en un moño. —Supongo que tú debes ser... la Opal que Kylian buscaba en mí, ¿no es así? —inquiero con un tono de voz demasiado hostil para mi gusto. —Lo soy —sonríe de la misma forma que yo—. Pero ya tuve mi tiempo y necesito descansar, encontrarme con mi familia. Frunzo el ceño ante su respuesta. Su expresión parece cansada. —¿Y por qué no lo haces? ¿Qué te deti
—¡Paren ya! —Velkan hace acto de presencia, tratando de poner orden. —No, mejor apártate. —Uno de los hombres responde con voz de trueno—. No vamos a permitir que tu hermano avergüence a nuestro Alfa. —Avergonzar... —De repente Kylian habla—. ¿Avergonzar dices? Tu Alfa ha estado cortejando y haciéndole sombra a mi mujer. Me alejo despacio de todos ellos. Hay un ambiente tan denso, hostil. —¿Todo esto es por culpa de esa mujer? —El hombre moreno me mira como si yo fuera algo pequeño e insignificante. Me siento insultada. Y como si Kylian pudiera saber lo que siento, me mira detenidamente y luego aparta la mirada endemoniada hacia el licántropo. —¡Te vas a arrepentir! —Deja el cuerpo de Gabriel a un lado, quien se golpea la cabeza al caer, y se abalanza sobre el moreno. —¡No! —Todos gritan, las voces se unen entre gritos y negaciones. Comienzan a golpearse, vampiros y lobos tratan de defender a los suyos, perdiendo así el control e iniciando una ruda pelea de bandos.





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