Mundo ficciónIniciar sesión¿De quién huyes? Él es mi Salvador, pero también es mi verdugo, mi alma gemela y más que eso. Es mi amor y yo su mortal obsesión, una que fácilmente puede llevarnos al precipicio, al mar escarlata que son sus ojos. Mi perdición lleva su nombre y su manía lleva el mío marcado en su piel: eso me convierte en la obsesión de Kylian Everingham, el rey de los vampiros. Ambos somos la perdición del otro. ¿Acaso es fácil evadir un dulce y amargo peligro?
Leer másBucarest-Rumanía. Invierno del 1.618
—Jamás te olvidaré... —Electra acarició la fría mejilla de Kylian y le regaló una sonrisa, con la poca fuerza que le quedaba.
—Electra, mírame mi dulce, no me hagas esto... —Kylian depositó un amargo beso en los labios de su amada, aquellos que empezaban a tornarse de un color violeta pálido.
La herida en el costado de Electra ya no sangraba más, Kylian había llegado muy tarde. Ella prácticamente se había desangrado.
—¿Volverás por mí? —La joven ya estaba comenzando a experimentar temblores por todo el cuerpo, la vida abandonaba sus ojos marrones rápidamente.
—Lo haré, mi bella —susurró sobre su mejilla y la joven ya no respondió.
La vida se le escapó en un respirar. La nieve cayó sobre ambos, helando aún más el cuerpo muerto de Kylian, porque así era, estaba muerto en vida desde su adolescencia. Era un vampiro.
—¡Maldición! Vuelve, por favor...
Sacudió el cuerpo de la bella mujer que ahora lucía marchita. Como una flor marchita.
—Hermano, tenemos que irnos. Los brujos de fuego ya vienen. —Velkan lo zarandea por los hombros y él no parece reaccionar.
—Déjame aquí, quiero morir con ella... —Se acuesta a un lado de la mujer y posa la cabeza sobre sus pechos.
Tiene la mirada perdida, su expresión es desolada, como la de un animal que va directo al matadero.
—¡Reacciona imbécil! ¡Somos los únicos vampiros reales que quedan! ¿Vas a tirar a la basura todo el esfuerzo de nuestro padre? Ella volverá en un siglo o quizá más o menos, ¿pero nosotros? —Velkan se contiene para no golpearlo.
Aquellas palabras parecen hacer volver en sí a Kylian y se levanta, pero antes de seguir a su hermano menor, se hinca frente al amor de su vida. Arranca de su cuello un collar que tiene una esmeralda de color verde como dije, una joya que la caracterizaba donde sea que fuera. Era la joya favorita de Electra, aquella que hacía juego con sus largos cabellos rojizos.
Mira por última vez a su alma gemela y una lágrima ensangrentada y cargada de dolor resbala por su helada mejilla.
«Donde sea que estés, te encontraré y te sacaré. Mi estrella brillante, ilumíname siempre...».
¡HOLA! Muchos saludos a todas y todos. Aquí arrancamos con esta historia de una humana y un vampiro. Espero que le sigan el hilo y les guste. Un besote.
Veintidós años despuésKYLIANSigo recordando estos últimos años en los cuales no ha habido ni un solo día que no piense en Opal, que no la dibuje, que no la desee. Nadie me había marcado tanto como ella. Luego de su muerte, prácticamente yo morí también. Estuve en letargo durante dos años, dormido y sin consciencia, sin tener conocimiento de nada a mi alrededor. A partir de ese momento retomé mis responsabilidades, inicié con la crianza de mi hijo Atlas, porque lo amo como un hijo de sangre. Quien iba a pensar que ese terco muchacho me alegraría los días y le daría sentido de nuevo a todo. Es idéntico a su madre, tanto en personalidad como en los rasgos de su rostro un poco delicados.—¿A dónde vas? —Atlas me pregunta. Termino de vestirme y elevo una ceja en su dirección. Me observa con sus ojos azules y esa mirada rebelde. Es un pícaro.—A meditar en el bosque. —Me encojo de hombros. —Ten cuidado, los cazadores andan merodeando... —Se marcha hacia el castillo, pero una doncella se
Abro los ojos despacio, me encuentro en la cabaña. Al ver a mi hijo despierto a mi lado y jugando con sus manitos siento tantas emociones encontradas e inexplicables. Empiezo a llorar como una niña abrazada a él. —Perdóname Atlas... Ni siquiera recordaba tu nombre, mi vida... Lo acuno entre mis brazos, mis sollozos inundan el lugar. A medida que pasan los minutos consigo calma, él se duerme de nuevo plácidamente a mi lado. Es tan pequeñito, su piel blanca y cabello negro contrastan con sus ojos azules y un pequeño rostro con rasgos muy parecidos a los míos. Es mi hijo, no se puede negar y no me canso de mirarlo. Haría todo por él y porque siempre esté seguro. Pero, de repente y como si se tratara del destino, las lamias entran aquí a toda prisa. —A solo un kilómetro se está librando una batalla y quedan pocos. ¡Nos están acabando mi señora! El señor Kylian está luchando casi solo, se encuentra débil. —¿Qué? —Me levanto de inmediato. —Ha perdido mucha sangre, está herido. Rogu
Tomo asiento al lado del pequeño con dificultad, ya que un fuerte mareo me deja aturdida y tambaleando. Pero por más que cierre los ojos no logro mejorar, sigue empeorando hasta hacerme desvanecer y perder la noción de todo lo que me rodea... —¿Hola? Me levanto del suelo, buscando alguien en este lugar desierto. Solo me acompaña el cielo azul, el viento y la arena. No sé donde me encuentro, ni cómo es que he llegado aquí, porque no lo recuerdo. —Puedo verte al fin... Me giro hacia atrás al escuchar mi propia voz. No, no es solo eso, soy yo misma, pero con un vestido de épocas antiguas y el cabello rojizo recogido en un moño. —Supongo que tú debes ser... la Opal que Kylian buscaba en mí, ¿no es así? —inquiero con un tono de voz demasiado hostil para mi gusto. —Lo soy —sonríe de la misma forma que yo—. Pero ya tuve mi tiempo y necesito descansar, encontrarme con mi familia. Frunzo el ceño ante su respuesta. Su expresión parece cansada. —¿Y por qué no lo haces? ¿Qué te deti
—¡Paren ya! —Velkan hace acto de presencia, tratando de poner orden. —No, mejor apártate. —Uno de los hombres responde con voz de trueno—. No vamos a permitir que tu hermano avergüence a nuestro Alfa. —Avergonzar... —De repente Kylian habla—. ¿Avergonzar dices? Tu Alfa ha estado cortejando y haciéndole sombra a mi mujer. Me alejo despacio de todos ellos. Hay un ambiente tan denso, hostil. —¿Todo esto es por culpa de esa mujer? —El hombre moreno me mira como si yo fuera algo pequeño e insignificante. Me siento insultada. Y como si Kylian pudiera saber lo que siento, me mira detenidamente y luego aparta la mirada endemoniada hacia el licántropo. —¡Te vas a arrepentir! —Deja el cuerpo de Gabriel a un lado, quien se golpea la cabeza al caer, y se abalanza sobre el moreno. —¡No! —Todos gritan, las voces se unen entre gritos y negaciones. Comienzan a golpearse, vampiros y lobos tratan de defender a los suyos, perdiendo así el control e iniciando una ruda pelea de bandos.





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