El viaje de regreso a mi pueblo fue extrañamente tranquilo. Las dos camionetas negras avanzaban con una eficiencia que me recordaba constantemente el poder de Julián. Yo iba en el asiento trasero, mirando por la ventana cómo el paisaje de agaves se transformaba poco a poco en las colinas verdes y los caminos de tierra que conocía de toda la vida. No me había llevado a Leo; aunque lo amaba como si fuera mío, sabía que ese primer encuentro con mi pasado debía hacerlo sola. Además, después del gol