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La noche se sentía pesada. Me quedé mirando el techo, contando las sombras de las ramas contra la pared mientras el silencio de la casa solo era interrumpido por los ruidos del monte. Me toqué el parche en la frente; me pulsaba, pero el malestar de verdad lo tenía en el pecho.

¿Dónde estaba Julián?

Esa pregunta no me dejaba en paz. Se había ido justo después de saber que sería padre, sin dar explicaciones ni hacer planes. Solo le dejó una orden a la señora Ortega y me dejó sola en la cama. Pens
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