Arya.
Después de ese choque emocional con mi suegra y mi esposo me quedó claro: Con ellos no se puede razonar.
No me puedo dar el lujo de ser débil o me devoran. Apenas abrí los ojos sentí una punzada desagradable en la cabeza, la migraña me estaba matando.
No había pegado un ojo en toda la noche. Me pasé las horas acostada en mi cama, mirando la oscuridad, sintiendo el vacío en mi corazón y las patadas sutiles en mi vientre; mi bebé me recordaba que no tenía permitido derrumbarme.
Observé mi c