Arya.
El llanto de James se intensificó, ante el grito de Gael. Al girarme nuestras miradas chocaron, no había compasión en la suya.
Por más que trataba de mantenerme tranquila, era un manojo de nervios, con la espalda, pegada a la chapa fría de la puerta del garaje, abracé fuerte a mi hijo.
Me sentía atrapada en lo que antes creía un hogar. Gael dio un paso más hacia mí. Su sombra me cubrió por completo, cerré los ojos y respiré profundo.
—Eres patética, Arya. Mírate. Como una ladrona a mitad