Arya.
La pantalla de mi teléfono continuaba parpadeando en la penumbra de mi habitación. Con los dedos temblorosos, terminé de leer el mensaje. No tenía ese número guardado en mis contactos.
Me pareció estar en una pesadilla, donde los hechos carecen de lógica, pero era mi precaria realidad.
El mensaje seguía allí:
“Arya, soy Adrián. Necesito hablar contigo”.
De tan solo verlo me causó escalofrío, se me revolvió el estómago y sentí náuseas.
Adrián. El hombre que me hundió en la desgracia, p