Arya.
Maximiliano con el pecho agitado y los puños apretados, avanzó hacia su padre. Tenía cara de pocos amigos y la sombra de la barba le daba un aire salvaje, desesperado.
—¡Te pregunté qué está pasando aquí, Gael! —rugió Max.
Ya no lo llamaba papá. El respeto se había evaporado. Gael ni siquiera parpadeó. Mantuvo la calma, su mano izquierda metida en el bolsillo del pantalón y la derecha sosteniendo el vaso de whisky.
—Estoy ordenando mi casa, Maximiliano —respondió Gael. Su voz era un témp