Arya.
—Abogado. —Dijo Gael. — Lo estaba esperando.
Yo me pasé las manos por los costados del vestido, intentando alisar las arrugas de la tela. Sentía los labios hinchados, calientes todavía por el fuego de la pasión.
Odiaba a Gael. Lo odiaba con cada fibra de mi ser por haber regresado a reclamar un trono que yo había defendido con uñas y dientes.
Aunque más me odiaba a mí misma por la forma en que mi cuerpo había respondido a su tacto, traicionando a mi esposo y a mi valores en menos de un