Arya.
—Querida Anna, recuerda que si intentas dañar mi honor, no seré la única señalada, ¿No te importa tu hijo?
Ella me miró con ojos de vaca brava y clavó el tenedor en el mantel.
—Es extremo lo que haces, mi hijo y yo tenemos nuestros gastos, es humillante lo que haces.
—Está decidido, voy a pagar los gastos de la mansión, la comida que se sirve en esta mesa y el sueldo de la enfermera que los cuida a ambos.
—Arya, soy tu marido, no me hagas quedar como payaso.
—Ya hablé. Ni un centavo para