Cecilia sintió cómo el aire del comedor se volvía pesado, casi imposible de respirar. Todas las miradas convergían en ella. Cada par de ojos la escrutaba con atención, pero la que más le pesaba era la de Liam. A diferencia de antes, no hizo el menor intento por defenderla. Se mantuvo inmóvil, sereno, con un interés calculador que resultaba tan amenazante como la hostilidad de Rayner.
Ese cambio en su actitud la desconcertó. En un principio había creído que Liam representaba un obstáculo entre e