Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina estaba en silencio después de la reunión. Lorenzo Velardi apoyaba las manos en el borde del escritorio de madera oscura, con la mirada fija en unos papeles que ya no tenían sentido. Los números, contratos y propuestas parecían irrelevantes frente al torbellino que martillaba dentro de su pecho.
Lorenzo no era un hombre que perdiera el control. Excepto cuando se trataba de Isabella.
La manija de la puerta giró despacio y Marco entró con la misma expresión práctica de siempre, el portafolio de cuero en una mano y el celular vibrando en la otra.
—Acabo de salir de la videoconferencia con los rusos —anunció, caminando hacia el escritorio—. Te quieren a ti, Lorenzo. Nada de abogados ni directores. Quieren al p







