Mundo ficciónIniciar sesiónDos días después…
La mansión estaba tomada por un silencio que hería. Un silencio denso, saturado, que se extendía por los pasillos como una sombra no deseada. No era paz, era ausencia, peso. Era aquello que quedaba cuando las palabras dejaban de ser dichas y las miradas dejaban de cruzarse.Isabella caminaba por la casa como quien evita pisar las propias emociones. Cada mañana, se colocaba la sonrisa en el rostro como si se pusiera un uniforme. Cuidaba de Aurora con dedicación, ayudaba con las tareas con paciencia y contaba historias con voz dulce. Pero cuando se quedaba sola, sentía el vacío crecer dentro del pecho como un grito silencioso. Lorenzo, por su parte, estaba cada vez má






