Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana aún se suspendía con una delicadeza rara sobre la mansión Velardi, como si el tiempo hubiera desacelerado a propósito para que todo respiraba con calma, con intención. La luz del sol entraba en hilos dorados por las enormes ventanas, atravesando la cortina blanca de lino como un velo translúcido, bañando el suelo de mármol en un tono cálido y reconfortante. Afuera, los jardines comenzaban a florecer en su plenitud, exhalando aromas que se mezclaban con el café recién hecho y el suave perfume de lavanda que Marta había esparcido por los pasillos esa mañana.
La casa estaba en silencio, pero no era un silencio frío. Era un silencio vivo, expectante. Un silencio que susurra que algo especial estaba a punto de suceder. En la sala de estar, Isabella se movía con una delicadeza casi coreografiada, apilando lentamente los libros de cuentos que







