Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol del atardecer doraba el jardín de la mansión cuando Lorenzo apareció en la terraza con una taza de café entre los dedos. Estaba absorto, la mente lejos, hasta que algo llamó su atención.
Cerca del macizo de hortensias, Isabella conversaba con el jardinero. Ella sonreía. No la sonrisa contenida y tímida que él estimaba provocar, sino una risa ligera, espontánea, dulce. El vestido verde danzaba con el viento, el cabello recogido en un moño flojo se balanceaba suavemente, y la manera en que inclinaba la cabeza, en que acomodaba un mechón detrás de la oreja, hacía que algo ardiera dentro de él.
Celos.
Un sentimiento que Lorenzo jamás admitiría en voz alta, pero que le quemaba las ve







