Mundo ficciónIniciar sesiónLa tarde cayó sobre la casa como un cobertor de luz pálida. El reloj de la pared marcaba un tiempo que parecía no avanzar, y cada chasquido del segundero, normalmente imperceptible, se volvía un trueno en el silencio de la sala. Maria caminaba de un lado a otro, acomodando cojines que ya estaban en su lugar, alisando el mantel que no tenía ni una arruga, limpiando por tercera vez el mismo aparador. Era su manera







