Mundo de ficçãoIniciar sessãoPero Marco sabía que, en aquel momento, cualquier palabra era inútil. La mente del amigo ya se había sumergido en el pasado, en el dolor que lo había moldeado. Reconocía esa mirada: era la misma de años atrás, el día en que Lorenzo cargó a Letícia sin vida en los brazos. La misma mezcla devastadora de shock, rabia e impotencia que nadie desea sentir dos veces.







