El suave perfume de flores frescas y pan recién horneado flotaba en el aire, mezclados con el delicado tintinear de la porcelana en las manos cuidadosas de Antonella. La mesa estaba impecable —Marta se había esmerado con un celo casi maternal aquella mañana. Había jarras de jugo natural en cristal, croissants mantecosos junto a mermeladas caseras, frutas que brillaban como joyas en compoteras de vidrio, y arreglos florales adornando con sutileza cada rincón.
Pero todo aquel refinamiento no log