Isabella Fernández
La puerta se cerró detrás de mí con un clic seco. Seguí en silencio por el pasillo hasta mi habitación, con pasos demasiado firmes para alguien que temblaba por dentro. Mis dedos dolían de tanto mantenerlos apretados en los puños durante el trayecto. Cada palabra que él dijo seguía resonando en mi cabeza como piedras arrojadas a un lago tranquilo.
“Es como todas las demás. Quiere mi cama y jugar a la familia.”
Me detuve en medio del cuarto. Por un instante, no supe si debía l