Denisse regresó a la habitación con pasos lentos, casi temiendo que el suelo crujiera bajo sus pies y rompiera el frágil silencio que se había instalado allí. Cerró la puerta con cuidado y se apoyó un segundo contra ella, respirando hondo, como si necesitara recordarse que seguía viva, que no estaba atrapada en una pesadilla interminable.
La luz tenue de la habitación reveló la escena que, hasta ese momento, era su único ancla.
Fred dormía profundamente en la pequeña cama improvisada junto a la ventana, abrazando uno de sus juguetes como si fuera un salvavidas. Su rostro estaba relajado, inocente, ajeno a las intrigas, las amenazas y los miedos que los adultos habían tejido a su alrededor.
Noah dormía a su lado, recostado de costado, con el ceño ligeramente fruncido incluso en sueños. Tenía un brazo extendido, como si incluso dormido buscara proteger algo… o a alguien.
A ella.
Denisse sintió que el pecho se le oprimía.
Las palabras de Margaret resonaron en su mente con una claridad cr