Denisse regresó a la habitación con pasos lentos, casi temiendo que el suelo crujiera bajo sus pies y rompiera el frágil silencio que se había instalado allí. Cerró la puerta con cuidado y se apoyó un segundo contra ella, respirando hondo, como si necesitara recordarse que seguía viva, que no estaba atrapada en una pesadilla interminable.
La luz tenue de la habitación reveló la escena que, hasta ese momento, era su único ancla.
Fred dormía profundamente en la pequeña cama improvisada junto a la