Durante unos segundos después del “sí”, el mundo pareció pertenecer solo a ellos.
Noah aún sostenía el rostro de Denisse entre sus manos, como si temiera que todo desapareciera si se separaban demasiado pronto. Ella, con el anillo brillando débilmente bajo la luz del mirador, todavía sentía el pecho apretado por la emoción. Sus lágrimas no eran de tristeza, sino de una felicidad tan intensa que dolía.
Entonces, un aplauso rompió el silencio.
Uno solo.
Luego otro.
Y otro más.
Denisse se sobresal