Durante unos segundos después del “sí”, el mundo pareció pertenecer solo a ellos.
Noah aún sostenía el rostro de Denisse entre sus manos, como si temiera que todo desapareciera si se separaban demasiado pronto. Ella, con el anillo brillando débilmente bajo la luz del mirador, todavía sentía el pecho apretado por la emoción. Sus lágrimas no eran de tristeza, sino de una felicidad tan intensa que dolía.
Entonces, un aplauso rompió el silencio.
Uno solo.
Luego otro.
Y otro más.
Denisse se sobresaltó y se separó de Noah, girando la cabeza con el corazón acelerado. De entre los árboles, como si hubieran estado ocultos todo el tiempo —porque, de hecho, lo habían estado— comenzaron a aparecer figuras conocidas.
Charlotte fue la primera en salir, con el teléfono en alto, grabando sin ningún tipo de vergüenza.
—¡DIJE QUE IBA A LLORAR! —gritó, limpiándose una lágrima con el dorso de la mano mientras seguía grabando—. ¡Y NADIE ME CREYÓ!
Detrás de ella aparecieron Ian y Elizabeth. Ian aplaudía co