El sonido constante de un monitor cardíaco marcaba el ritmo de la habitación. Cada pitido parecía recordarle a Noah que había estado a segundos de perderla.
Denisse yacía en la cama, inmóvil, con el brazo conectado a un suero. Su rostro, pálido y sereno, contrastaba con la tormenta que él llevaba dentro. Nunca se había sentido tan impotente. Ni en los negocios, ni en los tribunales, ni siquiera cuando había perdido a su hermano.
Aún podía sentir el peso de sus dedos entre los suyos, la tensión